Juan Salvador Gaviota: el coraje de volar distinto
Hay momentos en la vida en los que el problema no es no saber qué hacer. El problema es animarse.
Eso es, en buena medida, lo que siempre me conmovió de Juan Salvador Gaviota, el libro del aviador y piloto de la USAF Richard Bach. Juan no quiere ser distinto para llamar la atención. No quiere rebelarse por rebeldía. Simplemente hay algo dentro de él que necesita volar.
Mientras las demás gaviotas vuelan principalmente para conseguir alimento, él descubre otra posibilidad: volar por el placer de volar, aprender, perfeccionarse, descubrir hasta dónde puede llegar. Y ahí comienza el conflicto. Porque muchas veces el verdadero conflicto no aparece cuando hacemos algo mal. Aparece cuando empezamos a hacer algo diferente.
La bandada también da seguridad
Hay algo profundamente humano en la bandada. La bandada protege. Dice qué está bien y qué está mal. Qué se puede intentar y qué es una locura. Hasta dónde conviene llegar. Qué riesgos vale la pena correr. Pertenecer tiene ventajas. Mientras hacemos aproximadamente lo mismo que hacen los demás, existe una sensación de seguridad.
El problema aparece cuando nuestra necesidad interior comienza a llevarnos hacia otro lugar. Juan podría haberse adaptado. Podría haber pensado:
“Bueno, las gaviotas somos así.”
Podría haber dejado de practicar. Podría haber utilizado su talento solamente dentro de los límites aceptados. Pero hay algo que ya no puede ignorar.
Quiere saber hasta dónde puede volar.
Y quizás ahí esté una de las grandes preguntas que el libro sigue haciéndonos tantos años después:
¿Qué parte de tu vida estás viviendo porque verdaderamente la elegís y qué parte seguís viviendo simplemente porque así vuela la bandada?
Hay un momento en que saber ya no alcanza
Podemos aprender muchísimo. Leer libros. Hacer talleres. Escuchar charlas. Hablar de transformación, libertad, abundancia, propósito o conciencia. Todo eso puede ser profundamente valioso. Pero llega un momento en el que el conocimiento tiene que convertirse en experiencia.
Juan no aprende a volar pensando sobre el vuelo. Vuela. Se equivoca. Cae. Vuelve a probar. Fracasa muchas veces. Corrige. Y vuelve a intentarlo.
Por eso creo que hay una enseñanza especialmente importante en este momento:



Muy bello y muy real
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