Pascua: cuando la vida te pide soltar para poder empezar de nuevo


Hay momentos en la vida donde algo se termina. No siempre de golpe. A veces en silencio.

A veces sin que nadie más lo note.

Pero vos lo sabés. Sentís que ya no encajás ahí.

Que algo perdió sentido. Que hay una parte de tu vida que ya no tiene vida. Y aunque muchas veces intentamos sostenerlo…

la vida tiene sus propios tiempos.

La tradición judía habla de eso.

De salir.

De dejar atrás.

De atravesar un límite.

Pésaj

No es solo la historia de un pueblo que escapó de Egipto.

Es la historia de todos nosotros.

Porque Egipto no es solo un lugar. Es todo aquello que te mantiene atrapada. una forma de pensar, una relación, una versión tuya que ya quedó vieja.

Y hay un momento donde algo en vos dice: “hasta acá” " Basta" 

Pero salir no es cómodo. Salir implica incertidumbre,  implica no saber.

Por eso en Pésaj hay una noche especial.

El Séder: una mesa para recordar quién sos

Una mesa compartida.

Una historia que se cuenta.

Una memoria que se activa.

Pero no es un recuerdo del pasado. Es una pregunta al presente:

¿De qué estás saliendo hoy?

Porque nadie se libera sin antes darse cuenta
de que está atrapado.



La Pascua cristiana lleva ese proceso un paso más allá.

Pascua

Ya no habla solo de salir…habla de morir a lo viejo.

Y eso es más profundo. Porque no siempre queremos soltar. Aunque sepamos que ya no va más.

La Última Cena —que fue una cena de Pésaj— marca ese instante exacto donde algo se está cerrando.

No desde el drama. Desde la conciencia.


 Algo termina

 Algo está por empezar.

Y no hay vuelta atrás.


En otra tradición, en otro contexto…

aparece el mismo mensaje.

Ramadán

Invita a algo simple y profundo:

 Detenerse
Vaciarse
 Volver a lo esencial.

Durante el día se suelta. Durante la noche se comparte.

Como si la vida dijera:

“No podés llenarte… si no soltás primero”

 Y hoy… nos sentamos a la mesa

Y en nuestra cultura…

todo esto llega en forma de encuentro.

El almuerzo de Pascua. 

La familia. La mesa llena. 

Y eso está bien.

Está perfecto.

Pero quizás…podemos devolverle el sentido.

Porque no es solo una reunión.

 Es un momento.

Un momento donde podríamos preguntarnos:

  • ¿Qué parte de mi vida ya terminó?
  • ¿Qué estoy sosteniendo por miedo?
  • ¿Qué necesito soltar para poder avanzar?

  • Y también:

  • ¿Qué está queriendo nacer en mí?
  • ¿Qué estoy evitando dar el paso?
  • ¿Qué vida estoy listo para empezar?



  • Tal vez la Pascua no sea una celebración.

    Tal vez sea un llamado.

      Un llamado a dejar de sostener lo que ya no tiene vida. Un llamado a confiar en lo que todavía no ves.

    Porque hay momentos donde la vida no te pide que entiendas. Te pide que sueltes.

    Y en ese soltar… aunque no lo parezca…empieza todo.

    Comentarios

    Entradas más populares de este blog

    La rendición que abre los cielos

    Cuando la atención cambia, el destino se da vuelta

    Resultados en el camino espiritual: ¿buscar o soltar?