CAMBIANDO LA MIRADA
SE NOS DESVÍA LA MIRADA
Hoy quiero hablarte de algo que, quizás, nos pasa a todos…
Del tiempo.
Pero no de ese tiempo que corre, que pasa, que se escapa…
Sino de algo mucho más profundo:
¿Y si el tiempo no se nos va… sino que se nos desvía la mirada?
Porque muchas veces vivimos dando cosas por sentadas
Tomé un café con mi madre…
y eso me parecía algo un hecho
Hasta que un día, solamente sus recuerdos acompañaban su lecho.
Le dije a una amiga:
—Hablaremos mañana.
Sin saber que esa noche, una cuerda cerraría para siempre sus pestañas.
A mis hijos les dije:
—Jugaré con ustedes cuando tenga tiempo.
Y hoy los veo crecer, hacer sus vidas…
y a veces siento que mi visita en sus hogares se convirtió en un contratiempo.
Y entonces me pregunto…
¿En qué momento empezamos a postergar la vida?
siempre buscando el mejor momento.
Cuando tuviera una casa.
Cuando estuviera asegurado el sustento.
Cuando todo estuviera en orden.
Cuando tuviera tiempo.
Y mientras esperaba ese momento perfecto…
dejé de vivir algunos de mis sueños.
Y hoy algunos de ellos se transformaron en preguntas.
En esos famosos:
“¿Qué habría pasado si…?”
¿Qué habría pasado si por un instante detenía el tiempo?
Si saboreaba ese café recién hecho…
si sostenía la taza entre mis manos un momento
si levantaba la mirada y disfrutaba simplemente del firmamento
¿Qué habría pasado si, en lugar de buscar grandes proezas, me hubiera animado a seguir esas certezas
que me daba el corazón?
¿Cuántas risas tendría guardadas de mis hijos jugando?
Con sus caritas llenas de barro…
el cabello alborotado…
esa felicidad tan simple de vivir y no pensarlo tanto.
¿Cuántas historias recordaría hoy con mis amigas?
Esas reuniones en las que hablábamos de todo…
en las que reíamos hasta llorar…
y también llorábamos abrazándonos
Porque quizás…
no es que se vaya el tiempo.
Quizás…
se nos desvía la mirada.
Nos abruma tanto al ruido de afuera que dejamos de mirar lo que está sucediendo adentro.
Dejamos de prestar atención a esos pequeños milagros cotidianos.
Despertar una mañana.
Sentir el sol en la cara.
La brisa enamorada
El aroma del café.
Una conversación cercana
Una llamada que parece insignificante…
pero que quizás acaricie un alma necesitada
Un abrazo.
Un beso.
La compañía de la persona amada.
Abrazar a nuestra madre…
hasta quedar con su aroma impregnada
Porque vivimos rodeados de tanto ruido…
de tantas opiniones…
de tantos “deberías”…
de tantas expectativas…
que a veces mirar nuestro propio mundo parece una verdadera quimera.
Nos enseñaron cómo pensar.
Cómo vivir.
Qué está bien.
Qué está mal.
Qué tenemos que conseguir.
Cómo tenemos que encajar.
Y tratando de pertenecer…
fuimos olvidando algo esencial:
escucharnos.
Escuchar nuestra propia voz.
Esa voz que muchas veces queda escondida debajo de las tradiciones, de las creencias,
de las expectativas familiares, de los mandatos…
y también de nuestros propios miedos.
Hasta que un día algo dentro nuestro comienza a decir:
“Hay algo más.”
Y aparecen las ganas de salir hacia afuera.
De volver a nosotros.
De preguntarnos:
¿Quién soy realmente?
¿Qué quiero?
¿Qué me hace feliz?
¿Cuál es el sentido que quiero darle a mi vida?
Y entonces…
un día…
ves una flor.
Una pequeña flor creciendo en medio de la maleza.
Y la miras…
y comprendes.
Ella no intenta parecerse a otra flor.
No esconde su color.
No pide permiso para perfumar.
No apresura su floración.
Fue semilla.
Estuvo en la tierra.
Se nutrió.
Esperó.
Y cuando llegó su momento…
simplemente floreció.
Honró aquello para lo que había sido creada.
Y quizás nosotros también necesitamos hacer eso.
Dejar de compararnos.
Dejar de correr.
Dejar de intentar encajar.
Dejar de vivir esperando el momento perfecto.
Porque quizás el momento perfecto…
es este.
Este café.
Esta conversación.
Este abrazo.
Esta mañana.
Esta persona que tenemos al lado
Hoy siento que despierta mi conciencia
eso no me hace superior,solo empezar a estar atenta
escuchar mi propia voz,porque internamente se de que estoy hecha,
ver la luz del sol,y como aquella flor, desnudar mi verdadera escencia
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