Vivimos en una era de información constante, donde es fácil enterarnos de todo lo que ocurre a nuestro alrededor. Los medios tradicionales —televisión, diarios— han cedido protagonismo a las redes sociales como fuente principal de información. Sin embargo, es fundamental recordar que gran parte de ese contenido puede estar dirigido y manipulado. La censura existe incluso en estos espacios; algunos temas quedan relegados o se muestran menos, según lo decide el “algoritmo”. En esta época de creación y despertar, es esencial activar nuestro “sistema interno de guía”, esa brújula interna que resuena con la verdad que necesitamos en cada etapa de nuestro proceso.
- ¿Por qué es tan importante?
En el movimiento espiritual y en la nueva información que sale a la luz, hay datos que, aunque parecen positivos, pueden llevarnos a la dualidad y generar más caos. Muchas personas reciben mensajes e información, y en este tiempo de tanta apertura, es fácil quedar atrapados en ideas que desvían nuestra atención. Ya no es tiempo de maestros externos ni de seguir a nadie ciegamente; es tiempo de conectar con nuestra propia verdad. Eso no significa que no podamos escuchar a otros. Una persona que manifieste más amor y conexión con la fuente puede ser de gran ayuda, ya sea a través de un comentario, taller o información. Pero ¿cómo saber si algo realmente nos sirve o no?
¿Cómo distinguir entre lo que nos conecta y lo que nos aleja de la fuente?
La respuesta está en nuestro sistema interno de guía. Este se activa cuando estamos presentes, cuando dejamos de sufrir por el pasado o preocuparnos por el futuro y nos conectamos con el aquí y el ahora (gran desafío). Al lograrlo, el sistema se enciende de forma automática. Sentimos resonancia con la información o no, incluso si no la entendemos del todo a nivel intelectual. Es un saber profundo: “Es por aquí” o “No es por aquí”.
Para utilizar esta guía, necesitamos desapegarnos de la información, observar y discernir. Cuando estamos presentes y conectados en vez de expectantes y buscando fuera de nosotros, ese sistema nos muestra qué hacer, qué evitar, qué decir y qué callar.
La verdad no requiere nuestra participación, mientras que la mentira sí. Por eso debemos ser conscientes de a qué dedicamos nuestra energía, ya que esta potencia y amplifica aquello en lo que nos enfocamos. Hoy, en medio de una batalla por nuestra atención —ya sea desde una perspectiva “material” o “espiritual”—, abundan las narrativas sobre cambios inminentes, colapsos, revoluciones y cataclismos. Sin embargo, debemos preguntarnos: ¿qué estamos alimentando con nuestra atención?
Si reconocemos que somos creadores, que esa verdad resuena con nosotros, entonces asumimos la responsabilidad de crear el mundo en el que queremos vivir. Nadie en su sano juicio desea crear caos, dolor o angustia.
Si nos encontramos defendiendo siempre nuestra postura, irritables, dispersos, o experimentando emociones como angustia o enojo sin motivo aparente, es momento de revisar nuestra atención y ajustar nuestra frecuencia. Cambiemos el enfoque de “lo que vendrá” (que inevitablemente nos saca del presente) hacia la verticalidad, hacia la fuente, hacia aquello que nos expande y potencia. Cuando estamos conectados, manifestamos más del SER original que somos, vibrando en la más alta frecuencia y creando desde el amor divino.
- Es tiempo de recordar, de crear y de manifestar más amor desde la fuente. ¡A por ello!
Comentarios
Publicar un comentario