Glándula pineal, la puerta de entrada y salida

Hablemos del principio y del fin de esta experiencia de vida y su conexión con la glándula pineal.



Comprendamos algo fundamental: somos mucho más que nuestro cuerpo físico, aunque no dejamos de serlo. Somos el cuerpo físico y algo más.

Cuando nuestro cuerpo físico cumple su ciclo (lo que conocemos como la muerte), nuestra esencia energética continúa su viaje. Es en ese momento, cuando la consciencia llega al cuerpo y cuando parte, que se plantea la cuestión de si la glándula pineal segrega el DMT.

Durante la cuarta y quinta semana de gestación, el DMT empieza a aparecer en el cuerpo, y también se libera unos segundos antes de lo que llamamos muerte. En un instante clave, la glándula pineal, uno de los primeros órganos en formarse, segrega una sustancia que permite elevar la frecuencia, marcando el momento de entrada, el instante en que el SER, que es mucho más que un mero proceso biológico, entra en contacto con el cuerpo biológico que lo acompañará durante su tiempo en este plano.

Enrique Strazman fue uno de los primeros en llevar a cabo estudios sólidos sobre la dimetiltriptamina, el DMT, y planteó que esta proviene de la pineal. Esta relación entre el DMT y el "libro tibetano de los muertos", que menciona el ingreso del Ser al cuerpo físico en los 49 días, se encuentra vinculada con el hecho de que la glándula pineal se forma en el cuerpo también a los 49 días.



Así que, según esta visión, la glándula pineal sería la puerta de entrada, el umbral que conecta el plano físico con la esencia trascendental del ser, permitiéndole experimentar esta vida terrenal en un cuerpo biológico.

Se considera que el DMT cumple un papel importante en la formación del sistema inmunológico, pero su verdadero efecto es una elevación exponencial de la frecuencia, perceptible tanto a los 49 días del inicio como momentos previos a la partida, lo que en ocasiones se denomina "la mejoría antes de la muerte".

Tanto en el momento de entrada como de partida, se requiere un proceso de elevación de frecuencia. Para lograr una partida armoniosa, podríamos afirmar que el punto de salida apropiado es desde la glándula pineal. Sin embargo, es relevante destacar que todas las formas de salida son igualmente válidas.

Desde una perspectiva espiritual, distintas corrientes evalúan el momento en que se produce esta unión entre el cuerpo y la consciencia. Los tibetanos hablan de los 49 días, pero otras disciplinas sostienen que la energía entra y sale del cuerpo físico, anclándose recién en el octavo mes.

El ser energía tiene la capacidad de abandonar el cuerpo por diversos puntos, como el centro cardíaco, que también representa una salida poderosa. 

Aquellos que buscan en oriente y occidente una salida consciente y en alta frecuencia, aspiran a alcanzar un proceso donde toda su energía sea dirigida hacia la glándula pineal, permitiendo que la partida se produzca por ese mismo lugar.



El punto en el centro de la cabeza, conocido como el punto de contacto entre el cielo y la tierra, lo espiritual con lo humano, es precisamente el sitio por el cual el ser ingresa al cuerpo. Es en esta frontera donde se origina el gran cambio de paradigma que debemos realizar: comprender que el ser energía que somos es infinito, mientras que la experiencia que vivimos en este plano posee un principio y un fin.

Te invito a reflexionar y encontrar lo que resuene contigo, ya que hasta el momento, la ciencia no ha confirmado completamente este tema, aunque algunas corrientes espirituales sí lo han hecho. Como occidentales, tendemos a buscar lo "científicamente comprobado". Desde el punto de vista científico, no está claro si la consciencia trasciende el cuerpo o no.

Toda esta información guarda relación con lo que siempre hemos compartido acerca de la glándula pineal en las culturas ancestrales. Por ejemplo, los aztecas la consideraban el "asiento del alma", así como también lo hizo Descartes. Estas culturas también coincidían en representarla como un triángulo con un ojo en el centro, "el que todo lo ve", como un portal que se encuentra entre la pineal y la pituitaria. Según sus creencias, era el lugar donde "INTI", la energía vital, se conectaba con el cuerpo, ingresando y saliendo a través de esa zona.



Este punto era concebido como una gran antena que mantenía al ser humano conectado con lo divino y lo superior. Comprender que el cambio al que llamamos muerte es solo una transición nos brinda una profunda libertad en nuestra perspectiva de la vida.

Recuerda que cada uno de nosotros debe explorar su propio camino en la búsqueda de la verdad y la comprensión. La ciencia puede proporcionar explicaciones y evidencias en algunos aspectos, pero hay cuestiones espirituales y metafísicas que a menudo se escapan de sus límites. La sabiduría ancestral y las tradiciones espirituales pueden ofrecer perspectivas valiosas y significativas en nuestro viaje hacia una comprensión más profunda de nosotros mismos y del mundo que nos rodea.

En este fascinante viaje de exploración entre la ciencia y la espiritualidad, nos adentramos en los misterios de la consciencia y la glándula pineal. Aunque la ciencia aún no ha resuelto todos los enigmas, encontramos un universo de sabiduría en las culturas ancestrales, que percibían la glándula pineal como el asiento del alma y un portal hacia lo divino.

La idea de que nuestra consciencia pueda trascender el cuerpo y sobrevivir más allá de la muerte despierta preguntas fundamentales sobre quiénes somos y cuál es el propósito de nuestra existencia. ¿Podemos considerarnos seres infinitos experimentando una realidad temporal, o somos simplemente el resultado de procesos biológicos?

Sumergirse en la posibilidad de que la glándula pineal sea el enlace entre el mundo físico y lo espiritual nos invita a replantearnos nuestras creencias y perspectivas sobre la vida y la muerte. ¿Podría este órgano enigmático ser la clave para comprender la verdadera naturaleza de nuestra existencia?

Desde tiempos ancestrales, las culturas se maravillaron ante la relación entre la glándula pineal y el tercer ojo, un símbolo de sabiduría y visión interior. ¿Qué secretos oculta este misterioso punto de contacto entre lo humano y lo divino?

Ya sea a través de investigaciones científicas contemporáneas o de antiguas tradiciones espirituales, seguimos buscando respuestas que nos conecten con un significado más profundo y una comprensión más amplia del universo.



En última instancia, el enigma de la glándula pineal nos invita a abrazar la posibilidad de que la vida es un viaje inagotable de aprendizaje y crecimiento, donde la muerte no es el final, sino una transformación hacia lo desconocido. Al aceptar esta perspectiva, abrimos nuestras mentes y corazones a una libertad trascendente que nos lleva más allá de los límites conocidos y nos invita a explorar la vastedad de nuestra propia existencia.

En la encrucijada entre la ciencia y el misticismo, encontramos un terreno fértil para el autodescubrimiento y la expansión de la consciencia. El asombroso viaje hacia el interior de nosotros mismos y hacia lo que yace más allá de nuestras percepciones cotidianas puede cambiar profundamente nuestra forma de ver la vida, llenándola de significado y maravilla. Así, nos sumergimos en la búsqueda incesante de nuestra verdadera naturaleza y del propósito que nos une a este vasto e insondable universo.

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