El valor de las preguntas
«Las ideas son un regalo divino que llegan a nosotros para poder compartirlas». A partir de la entrevista de «Es tiempo de recordar» una idea apareció y una dinámica diferente encontró su lugar en la radio.
Cada ser que se dispone a regalarse un momento de búsqueda encontrará en la entrevista una posibilidad para el intercambio. Ahora bien, no cometas el error de creer que la entrevista siempre es algo que ocurre fuera.
Si bien cada espacio de encuentro es una gran oportunidad para compartir, recuerda que en el teatro de la vida solo recreamos algo que primero tiene lugar adentro nuestro. Por lo tanto, no encontrarás entrevista más valiosa que la que se produce en el diálogo interno contigo mismo.
Hay preguntas que simplemente las hacemos por curiosidad y no nos llevan a ninguna parte. Sin embargo, hay otras que responden a un deseo genuino del corazón y son las que nos dejan exactamente en el lugar en el que tenemos que estar.
Es claro que en esta experiencia de vida no tenemos la verdad absoluta, pero sí tenemos la posibilidad de aspirar a ella. Despertar el genuino amor por la Verdad nos acerca cada vez más a nuestra propia liberación, a nuestra propia comprensión. Como decía Jesús: «La verdad los hará libres».
La importancia de preguntar es clave para el avance. La conciencia nunca crece a través de la escucha. A través de la escucha puede crecer la creencia pero no la conciencia. El verdadero proceso de desarrollo humano se da en la pregunta. Cuando la educación deja de estar estimulada por la pregunta y pasa a estar vinculada únicamente con la respuesta se pierde la creatividad.
La pregunta estimula a que podamos despertar nuestro propio conocimiento, porque en definitiva nosotros lo sabemos todo, el único tema es que lo hemos olvidado.
Autopreguntarnos toca el chip, las memorias, para que salten esas respuestas que de otra manera permanecerían completamente dormidas.
Cuando empiezas a preguntarte, asegúrate de que aquello que buscas no es solo una respuesta para satisfacer al ego o para «ganar una discusión teniendo el mejor argumento». Eso nos aleja del verdadero propósito de la pregunta.
Si bien alguien nos puede inspirar desde su vivencia y su experiencia, no necesitas que alguien de afuera te de una respuesta. Todo está en uno y mientras más te alinees contigo mismo, más cerca estarás de sintonizar con esa verdad.
Ten presente que cuanto más incómoda es la pregunta más fuerte es nuestro proceso de avance. A veces no nos animamos a preguntar por temor a enterarnos de algo que nos saque de la falsa comodidad que hemos encontrado. Pero la valentía de preguntarte esas cosas que te pueden desestabilizar, te llevan a mover los cimientos más profundos de tu propia construcción.
Si pudiéramos clasificar a las preguntas en dos grandes grupos podríamos decir que existen preguntas para el avance y preguntas para autocastigarse. Preguntarnos ¿por qué hicimos esto? ¿por qué dijimos lo otro? etc. puede llevarnos de causa en causa y de culpa en culpa, pero no resuelve las cosas. La verdadera pregunta es aquella que nos impulsa a una transformación.
Es una línea muy fina la que divide a la pregunta que busca excusas de la pregunta que busca respuestas de avance. En varias ocasiones, pasamos mucho tiempo yendo de un lado a otro esperando que las respuestas de otros validen lo que ya sabemos.
Pero nadie mejor que uno mismo puede dar con las respuestas correctas. Porque no hay respuesta más acertada que la que resuena en el corazón.
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