La primera lección de tiro

  Entre las cosas que pude ir recordando, recordé que las claves siempre las tuve, pero nos siempre las entendí en su momento. Había una que era fundamental, que claramente antes de empezar a recordar, pensé que no era importante. Es más solo había que ir, ese tema se resolvía solo en el camino. Si bien una vez me la habían recordado, no logre llegar a entenderlo en ese momento.   Muchos años después pude entender lo que quiso enseñarme un viejo suboficial de la Fuerza Aérea Argentina, en mis tiempos de Cadete de la Escuela de Aviación Militar. Con apenas 19 años, había logrado ingresar en esa institución, con toda la intención de ser piloto de combate. Ese había sido uno de los sueños, que había tenido por más tiempo, ya les consté lo que me llamaba volar. Ser piloto de un jet de combate, creía en ese entonces era lo más parecido a lo que quería.  A los 15 años sintonice con dos amigos, que tenían la misma afición. Con ellos hicimos toda la preparación, tanto física como académica para el exigente ingreso a la Escuela de la Fuerza Aérea.  Había rendido un examen con 1800 personas para obtener tan solo una de las ciento cincuenta y seis vacantes, disponibles ese año. Obtuve la cincuenta y tres. Una de las cosas que más me impactaron, fue la primera vez que entre al comedor de cadetes en la entrada rezaba un cartel. “Antes de entrar ya estabas aquí, y cuando te vayas no sabrás que te quedas.” Una verdad, que me llevo años comprender. Después una lección en la rodilla y la terquedad de la edad me hicieron salir un año después. Pero entre las maravillosas cosas vividas en esa academia. Mucho tiempo después redimensione una en especial que les quiero compartir. Que era el recordador de la primera clave para manifestar sueños.

     Una tarde los cadetes de primer año fuimos reunidos en un campo de la Escuela, a la espera de que viniera alguien experto a enseñarnos tiro. Estuvimos un rato en la espera hasta que se acerca un vehículo. Con un Suboficial que lucía insignia de experto en tiro, con dos asistentes.  El señor no dijo ni una sola palabra al llegar.  Uno de los asistentes que lo acompañaban saco una lata de gaseosa vacía que traían en el vehículo. La alejo bastante de donde estábamos. Una distancia a la que la lata no se veía a simple vista. Se repartió algunos binoculares entre los cadetes para que pudieran ver la lata a la distancia. El señor mayor seguía sin pronunciar una sola palabra. Sus asistentes actuaban casi automáticamente. Organizando el espectáculo. El otro asistente le alcanza al suboficial un Mauser 98, un viejo pero excelente fusil de fines del siglo diecinueve. Dotado con una mira mecánica, no óptica. Que tiene un excelente alcance. El señor lo toma ajusta la mira. Se toma su tiempo para apuntar, regula la respiración, dispara. Los cadetes con los binoculares confirman el blanco, todos muy sorprendidos era una real proeza. El tirador seguía sin pronunciar una palabra. El asistente de las latas. Saca otra del vehículo y la ubica a unos diez pasos sobre el suelo. A la vista de todos. El experto con señas habilita a su asistente, que rápidamente sabe lo que tiene que hacer, saca un pañuelo y le venda los ojos al tirador. Me pareció que era un pañuelo azul de aviador militar o eso creo recordar. Luego le alcanza un fusil moderno de francotirador. Con mira óptica, telemetro laser, compensadores de peso, amortiguaciones especiales, un lujo. Se lo entrega y lo apunta hacia el lugar donde estaba el improvisado blanco de gaseosa en el suelo. Todos los cadetes en silencio mirando. El hombre con los ojos vendados se toma el tiempo apunta y dispara. El impacto erra el blanco por más de dos metros. Algunos cadetes, contuvimos la risa. Para nosotros el experto quiso mostrar una habilidad y no le había fallado el truco pensábamos. En ese momento se saca la venda, y escuchamos su vos. Dijo unas palabras que siempre recordé, pero que no comprendí cabalmente hasta muchos años después. Él simplemente dijo.

  • Les acabo de enseñar la primera lección que deben aprender en tiro. No se puede pegar a lo que no se puede ver. No importa si tienes o no la mejor arma. No importa tu entrenamiento o capacidad natural. No le puedes acertar a lo que no puedes ver.

     Esas palabras mucho tiempo después marcan el principio fundamental de cualquier proceso creativo. No se puede acertar a lo que no se puede ver. Si no es estar tirando a ciegas. Muchas veces me he encontrado tratando de crear algo, que yo creía tener claro en mi mente. Repitiéndome a cada paso, si yo sé lo que quiero. Pero realmente no tenía la imagen mental clara de lo que quería lograr. Tenía un conjunto de ideas, un par de lineamientos básicos. Pero nada muy concreto. Pensando que a medida que se fuera concretando me detendría a analizar los detalles. Pero como todavía faltaba o tiempo o recurso o lo que sea para que ese proyecto se materialice. No había que perder tiempo en detalles que no hacían al proyecto. Que yo solo debía tener la idea general. Que para concretarlo solo bastaba eso. Que, con voluntad y entusiasmo eso se iba a manifestar. Esas cosas no me faltaban, ninguna de las dos. Los detalles, eran parte de las cosas que se iban acomodar solas al avanzar. No comprendía en ese momento, la importancia de ello. Eso no se acomoda solo. No era uno de los melones, era el destino del camión. Lo importante eran las ganas y de eso tenía mucho. Eran mis deseos los que impulsaban los sueños. Con el deseo basta y sobraba para lograrlo. Lo importante creía era solo seguir todo el tiempo para adelante. Sin importar mucho hacia donde solo seguir, empujando. Creyendo erradamente que eso era lo único importante. La capacidad de hacer, mucho y rápido. Eso me hacía vivir en constante acelere.  En esos tiempos de mayor ignorancia creativa era, la constante de vida. El detenerme a detallar un proyecto un sueño, era para mi nada más que una pérdida de tiempo. Si en mi cabeza esta todo. No hace falta los detalles. Esos me daban lo mismo. Lo único que importaba estaba convencido, era la capacidad de acción. Era la acción la única condición necesaria para cualquier proyecto. Se creaba en el mundo real, en ese mundo lo único que genera resultados es la acción concreta. Que ignorante era. Todavía lo sigo siendo, aunque ya comprendí ese punto. Creía que lo que importa es el proyecto, su ejecución, no si la pared es verde o azul. Eso no me importa es lo de menos. Esa ignorancia del proceso creativo me llevaba a creer que los detalles eran solo cosmética. Que no influyen en nada. Con el tiempo fui comprendiendo que claro que da lo mismo si al final la pared es verde o azul. Pero para nada da lo mismo la imagen mental que yo pueda tener de la pared, durante el proceso de materialización. Para que sea completa la imagen tengo que saber si es verde o azul. Que la verdad es que eso puede cambiar. Pero durante la etapa de concreción no, eso debe estar claro.  No tiene la misma fuerza si tiene detalles o no. Que lo principal es tener claro el punto de mira poder verlo, para poder verlo tiene que estar completo. La imagen mental es importante, es fundamental. El verdadero campo de creación es el de los sueños, es en ese mundo aparentemente intangible, donde realmente sucede la verdadera creación. Que la acción que tanto valoraba tiene la función primordial de traer al campo de la materia lo que primero debe existir en ese campo.  Si no existe primero en el campo de los sueños, no hay acción que sea capaz de concretizarlo. Por algo simple que me explico un viejo suboficial, hace muchos años. No se puede pegar a lo que no se puede ver. Tan importante como tenerla es bajarla, aterrizarla en este campo. Poder verla, para poder acertarle. No se puede pegar a lo que no se puede ver. Hoy lo repito como una letanía. Suele ser de mucha utilidad dibujar, tallar o solamente escribir el proyecto que estás creando. Es una forma, un truco muy bueno para plasmar en el campo de la materia lo que hasta ese momento solo existe en el campo invisible. Se crea primero en ese campo.  El creador que yo soy crea en lo invisible. Pero ese creador no puede crear si no sabe que es lo que tiene que crear. No puedo pegar a lo que no puede ver. Es el primer paso de todo proyecto de todo sueño. El poder plasmarlo de alguna manera. Después da igual si la puerta al final queda azul, verde o amarillo. Pero si yo tengo una clara imagen de lo que quiero crear pues entonces estoy dando los primeros pasos hacia su manifestación. Lo primero es poder fijar esa imagen mental con la que voy a crear el impulso la fuerza, energía necesaria para poder concretizar lo que quiero manifestar.

   Como decía aquel viejo experto en tiro, no importan en este punto tus habilidades, tu preparación o los recursos con los que cuentes. Ni siquiera si bien es muy importante, cuan entusiasmado estés con tu sueño o proyecto. Si no lo podéis ver, nunca le vas a pegar. Te podéis tropezar con cosas que te llegaron. Con negocios, relaciones, bienes que te aparecieron de un día para otro. Si claro eso puede pasarte. Pero lo que no va a pasarte es que puedas manifestar algo que quieres sin antes tener claramente la imagen de lo que quieres lograr. Es probable que te parezca una pérdida de tiempo, un recurso que necesito para apurar la concretización de mi sueño. La verdad es que sentarte a escribir o dibujar tu proyecto es fundamental. Te parece algo infantil. Si claro a mí también me parecía. Te comprendo claramente. Pero a fuerza de no lograr sueños fui tomando en cuenta una vieja lección aprendida una tarde en un campo de cerca de la ciudad de Córdoba, de un señor que daba mucho más que una lección de tiro. Era una lección de vida.

    El pastor bautista el Reverendo Martin Luther King dijo una vez “Da tu primer paso ahora. No es necesario que veas el camino completo. Solo da el primer paso. El resto irá apareciendo a medida que camines”.

Esto podría ser interpretado como entonces no hace falta conocer los detalles solo ir creando y el resto ira apareciendo. Lo que yo entiendo es que los recursos y las formas son las que irán apareciendo. El primer paso es tener claro el sueño que te motiva a ir. El Reverendo King, algo sabia de tener sueños. Él decía que tenía uno. La clave de toda manifestación es primer tener en claro que o en que voy a enfocar toda mi fuerza creadora. Después veremos la manera, los caminos o las formas. Pero esa fuerza que todos tenemos. Debe ser canalizada, enfocada, entubada, hacia un destino. Ese destino lo marcamos nosotros con el primer paso, que no es solo salir a tontas y locas con una idea más o menos clara en tu cabeza. Nada importante se ha logrado de esa manera. Nadie ha cambiado al mundo, su mundo sin tener un sueño claro que lo impulse lo lleve hacia adelante. Quizás no ve el camino, la forma, ni puede controlar el clima o las condiciones del camino. Pero lo principal es saber a dónde va. El reverendo King también decía. “La minoría dedicada y creativa ha hecho al mundo mejor”. Cuando alguien va tras su sueño y lo cumple el mundo es mejor. Cada vez que alguien rompe la rutina y logra un imposible el mundo mejora. Cuando alguien alcanza lo que no se esperaba que alcance, el mundo es un lugar mejor. Se van rompiendo las barreras de la limitación creativa, nos vamos acercando más a nuestro verdadero origen del ser creador sin límites que todos somos. Creen que soy un soñador… no soy el único. Puede ser que seamos una minoría, pero somos la que cambia el mundo. Si lo eres empieza por el primer paso. Este es comenzar a detallar, a plasmar tu sueño ya sea escribirlo, dibujarlo o hacer una maqueta.

Pero aterriza toda eso que da vueltas en tu cabeza es ya momento de darle una forma más concreta, ese es el primer paso. Aunque no sepas como va a seguir o de donde van a salir los recursos, los acompañantes o las habilidades para manifestarlos. Solo empieza por el principio, recuerda no se puede pegar a lo que no se puede ver.

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